miércoles, 16 de marzo de 2011

Nuevos edificios, viejas y malas prácticas

Mi paisaje se mediocriza cada vez más. Sentada frente a la vieja laptop familiar, desde mi ventana alcanzo a ver un edificio de cinco pisos (construido hace alrededor de cinco años) que domina el panorama como un monumento a la chapucería. El mismo forma parte de uno de los tantos proyectos típicos que vemos en muchos lugares de Cuba y que, aunque feos, resuelven el problema habitacional de muchas familias cubanas. En la construcción de estos inmuebles participan sus futuros habitantes, que se han formado y forman en el hacer de tales labores y que constituyen —lamentablemente— un elevado por ciento de los albañiles y constructores chabacanos emergidos de esos trabajos o proyectos.
La realización de estas obras se caracteriza también por contar con una fecha de entrega o conclusión del edificio, lo que condiciona además la premura por acelerar y concluir la misma no sólo con el propósito de habitarla, sino para cumplir a tiempo con el plan establecido por burócratas desde cómodas o incómodas oficinas, pero que no realizan ni parecen considerar el duro y físico trabajo del constructor.
De igual forma se hizo Alamar, y allí pululan también los cajones de hormigón tan parecidos o iguales, que pueden confundir a cualquiera de sus nuevos visitantes; como un salón de espejos asfáltico del que necesita ayuda para salir. ¿A usted no le ha pasado?

0 comentarios: